El drama musical en Wagner

Tema 48: Historia Vol. III

Grandes cambios después de la Generación de 1810

Estética de la obra de Wagner y el Nacionalismo en la Música.

Luego de las obras de Carl Maria von Weber y especialmente su Der Freischütz (1821), el deseo de una ópera alemana se mantuvo latente, aun cuando los teatros mostraban su preferencia por las óperas francesas e italianas o al estilo italiano. Esto es fácil de comprobar si revisamos el repertorio presentado en los teatros alemanes en las décadas anteriores a la primera mitad del siglo. No obstante, la ópera alemana tuvo una cierta continuidad en las composiciones románticas de KONRADIN KREUTZER (1780-1849) con su Das Nachtlanger von Granada (1834); CARL OTTO NICOLAI (1010-1849) quien en 1847, se desempeñó como director de la Ópera de la Corte en Berlín y entre otras obras, escribió Die lustigen Weiber von Windsor (Las Alegres Comadres de Windsor, según Shakespeare); y especialmente, GUSTAV ALBERT LORTZING (1801-1851), con sus obras: Zar und Zimmermann (Zar y Carpintero, 1837), Hans Sachs (1840), Undine y Der Wildschütz oder die stimme der natur (El Cazador nocturno o La voz de la naturaleza, 1842) ópera cómica en tres actos donde mantiene el espíritu fresco y tradicional del Singspiel en alemán.

Sin embargo, la ópera nacional que todo el pueblo deseaba se materializó finalmente, en la obra de RICHARD WAGNER, quien ocupa por derecho propio un sitial preponderante en la historia de la música dramática y de la evolución de la orquesta. Con su obra, Alemania logra por una parte, consolidar esa gran aspiración sostenida durante muchos años, de poseer una Ópera Nacional Alemana y además, imponer la corriente del romanticismo musical en su territorio: La Revolución de la Ópera, la cual se debatía entre el primer romanticismo y el realismo del momento; Wagner se propone establecer un equilibrio en la balanza. Se remonta a las primitivas fuentes creadoras del espíritu germánico y trata de resucitar el mundo de la pura voluntad y la pura pasión, un mundo en el que los problemas de la vida moderna no se asfixiarían aprisionados en la envoltura del pensamiento.[1]

Wagner se debate entre la historia y la mitología; finalmente, se decide por la leyenda: …Después de llegar a la plena convicción de que la historia sin aderezos es insuficiente para los fines del arte… Con su ópera Parsifal, Wagner supera su propio dramatismo musical y llega al Simbolismo solemne del Drama Sacro. Su obra de realista, filósofo, dramaturgo y sinfonista emplea todo lo que el romanticismo había producido y apreciado y lo ensambla en estructuras de proporciones gigantescas. Su Gesamtkunstwerk representa la muerte de las artes de vida individual. …El arte había de reconquistar su posición céntrica en el culto religioso como vocero de la acción pura, heroica, divina. La música, la poesía, la mímica y las artes plásticas habían de unirse todas para formar esta fe neo-antigua. Era este nuevo arte, universal y heroico deseo y suprema esperanza del romanticismo, el que Wagner quería ofrecer en su Drama Musical…

RICHARD WAGNER (1813-1883), cuyo nombre completo era Wilhelm Richard; compositor, director de orquesta, poeta, dramaturgo, teórico musical y filósofo alemán nacido el 22 de mayo de 1813 en Leipzig. Hijo de Karl Friedrich Wagner (1770-1813) o de quien fuera luego su padrastro, Ludwig Geyer (1779-1821) y Johanna Rosine Pätz (1774-1848); durante catorce años le llamaron Wilhelm Richard Geyer. A los 13 años escribió varios poemas y una tragedia. Decide dedicarse a la música a la edad de 15 años.

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Texto extraído de la obra “Historia del Sistema Musical Occidental” Vol. III

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