El complejo oficio de director de banda comprende diversas facetas y tareas que deberá llevar a cabo el maestro durante toda su vida artística. Infortunadamente no todas éstas pueden ser aprendidas o memorizadas al completar los estudios en el conservatorio, universidad o escuela superior que se precie. Echará mano en el oficio de toda la información musical a su alcance que haya retenido en sus estudios, pero que será insuficiente por sí sola para llevar a cabo todas sus pretensiones.
La parte que no puede ser aprendida viene dada en parte por la experiencia, la cual nos lleva a valorar en un largo camino todas nuestras vivencias, aciertos y errores cometidos.
Nuestro instrumento es un conjunto de individuos, un instrumento viviente. En el oficio tendremos que afrontar cuestiones no sólo relacionadas con la música en sí; sino también en lo referente a las relaciones humanas.
Scherchen en su obra El arte de dirigir la orquesta, reflexiona sobre un dicho muy común: “…No se aprende a dirigir -suele afirmarse-, se nace director o no se llega nunca a serlo”.
El nacer para maestro se afirma porque hay candidatos a director que ya poseen unas virtudes innatas, tanto auditivas como técnicas. El hacerse viene condicionado por todas las vivencias, esfuerzos y actitudes que nos llevan a lograr nuestros objetivos, a base de una lucha constante por superarnos. El nacer y el hacerse se tienen que complementar. Lo uno sin lo otro no nos llevarán a buen puerto.
Aprender a Dirigir
¿Cómo se aprende a dirigir?, es una pregunta frecuente que nos conduce a una reflexión profunda. En el mundo de las bandas se contesta al respecto y habitualmente: a fuerza de práctica. En estos casos y si el aspirante a director no tiene preparación técnica alguna, hará víctima de su inexperiencia al público, a la banda y al compositor, para adquirir la técnica del oficio “a fuerza de práctica” en un período de antiartística actividad al frente de la agrupación.
Del mismo modo que un instrumentista, el director deberá de alcanzar la técnica de su instrumento antes de atreverse a presentar en público. Ha de formarse técnicamente en un instrumento que no posee, por lo que a parte de su estudio individual le convendrá realizar prácticas de ensayo con estas agrupaciones.
The Art of Conducting: Great Conductors of the Past
Habitualmente se cree que para dirigir a agrupaciones infantiles y juveniles no hace falta estar preparado técnicamente, sólo con tener conocimientos globales es suficiente. Los grandes maestros no opinan lo mismo. El director de bandas infantiles o juveniles tiene que estar más preparado si cabe que el de otras agrupaciones musicales. Y es que la técnica debe de ir acompañada de psicopedagogía, siendo el director un educador musical que ha de conocer en profundidad las características y funcionamiento de todos los instrumentos de su agrupación; además de poseer una completa formación pedagógica para trabajar con niños.
Hans Swarowsky, maestro entre otros de Zubin Metha o Claudio Abbado, afirmaba que entre las obligaciones de dirigir han de primar:
- La de dar la señal de anacrusa para empezar
- Indicar y conservar los “tempos”
- Interrumpir los movimientos del discurso musical (cesuras y calderones)
- Realizar los cambios de “tempo” en la obra siempre que estén indicados.
- Dar la señal para finalizar una obra o movimiento.
Desde que surgió la figura de director contemporáneo, éste es el encargado de la interpretación de conjunto. Stravinsky decía al respecto que sus obras debían de ser leídas y ejecutadas, pero no interpretadas porque ya estaba todo escrito en ellas.
En el barroco y clasicismo los músicos no sólo estudiaban técnica y conciertos sino también interpretación, teoría y conocimiento de los estilos musicales. En los tratados musicales hacían hincapié en dar la lectura correcta a las notas, así como en interpretar correctamente a los compositores. Con interpretación se referían a lo que hoy denominamos como ejecución; pero una realización que seguía unas normas estilísticas y respetuosas con la idea musical.
El director actual ha de conocer el estilo de la obra y su estructura, debiendo de analizar todos los detalles sobre la misma. A su vez deberá de profundizar en todas las emociones que el compositor haya querido expresar y no ha de dar una nueva interpretación personal que cambie de vida a la partitura; sino que deberá ejecutarla siendo fiel a las indicaciones del compositor, sacando a la luz todas las emociones concebidas.
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