El Oficio de Director de Banda | Tema 7.4
El principio de una Campaña Pro-Directores y su unión nacional (España)
En la España de Miguel Primo de Rivera se publicará en Córdoba la única revista musical de la época relacionada con la música para vientos.
Fundada por Rafael Serrano Palma, director del Conservatorio de la misma ciudad, constó de 37 números que fueron publicados entre marzo de 1928 a Abril de 1931 con una periodicidad mensual; siendo su precio de suscripción anual de diez pesetas para España y de doce para el extranjero.
Esta revista, Boletín Musical, contaba con multitud de colaboradores tanto españoles como latinoamericanos, de París, Milán o Atenas que enviaban interesantes artículos o noticias para su publicación. Entre ellos y relacionados de una u otra forma con las Bandas destacan los españoles Joaquín Turina, Ricardo Villa, Emilio Vega o Bartolomé Pérez Casas. Cada número se completaba además con unas series variables de apartados en cuanto a extensión y periodicidad: Orquestas, Teatros, Educación Musical, Bandas de Música, Orfeones, Publicaciones Musicales, Conciertos o Música religiosa. Ya en 1930 y a fin de dar cuenta con especial atención de las vacantes en las Bandas Municipales y Militares incorporó la sección “Consultor profesional”. Anteriormente venía publicando ya algunas convocatorias de empleo pero con la creación de esta nueva sección, abarcará a todo el territorio nacional.
En una época muy lejana a internet y a sus redes sociales, la revista sirvió como punto de encuentro e información a todos los músicos de España. Gracias a ella se creó la plataforma ideal para dar a conocer opiniones, quejas o sugerencias para crear una Asociación de Directores en la España de entonces.
Rafael Serrano expone los motivos que le llevan a impulsar la campaña pro-directores de bandas en la citada publicación:
“Si este es el principio de una senda redentora, si con esta campaña conseguimos despertar la conciencia de la mayoría y dar un paso, corto, pero seguro, BOLETÍN MUSICAL se da por satisfecho. Su campaña habrá sido la piedra de toque para que en un plazo no muy lejano, llegue a ser una realidad lo que hoy no lo es, debido principalmente a la característica apatía y natural despreocupación de los directores de estos organismos.” (Boletín Musical Año I. Nº 3. 1928)
Los directores civiles demandaban a través de este medio unas mejores condiciones laborales en los municipios. Los militares a su vez solicitaban una reforma en las oposiciones a Músico Mayor, deseando volver al modelo más exigente de las convocatorias de 1915-17. Demandaban además unas plantillas estables para sus bandas y que se les otorgase el mismo salario de los restantes oficiales del ejército.
“El músico mayor se enfrenta así a unas plantillas insuficientes, inestables y de baja cualificación profesional. A esto se añade su propia coyuntura: siendo en teoría oficiales, no tienen ninguna asimilación real con éstos, y el máximo grado que pueden alcanzar es el de capitán, dándose la paradoja de que están siempre sometidos a los oficiales de su Regimiento, aunque sean de menor graduación.
En cuanto a lo económico, sus salarios son inferiores al de los militares de su mismo grado, carecen de complementos de mando, de quinquenios, y de cualquier otra anualidad que pudieran disfrutar; tampoco tienen derecho a la situación de reserva ni a obtener la cruz y placa de la Orden de San Hermenegildo, que se concede a los treinta y cinco años de servicio. Dicho de otro modo: un músico mayor que permanezca treinta y siete años de servicio, habrá entrado de alférez cobrando 3.500 pesetas al año y se retirará de capitán cobrando 6.750 pesetas; en el mismo tiempo, el militar habrá entrado de alférez cobrando 3.500 pesetas y se retirará de coronel con 13.500 pesetas anuales. Las cifras hablan por sí solas.” (Guijarro 2001)
Boletín Musical puso en marcha una iniciativa pionera y única. Sucedió sencillamente a través de una encuesta donde la revista solicitaba a todos los directores de bandas que la remitiesen para su posterior publicación. Y así fue como numerosos directores de banda podían leer las opiniones del gremio nacional de directores en la sección de Banda, en relación con preguntas formuladas relativas a sueldos, escuelas o concursos de bandas. Aunque recibieron cartas de apoyo y muchas encuestas contestadas, la dirección de la revista publica en mayo de 1929, un año después de la iniciativa, lo siguiente:
“Teniendo en cuenta que muchos de los señores Directores de Bandas a quienes nos hemos dirigido no contestan a nuestras preguntas por no querer repetir lo dicho ya por otros compañeros, hemos puesto en propaganda un Boletín de Adhesión, a fin de facilitar las contestaciones y aumentar el número de señores Directores que están conformes con nuestra campaña.”
En la mencionada encuesta, lo que más preocupaba a los directores tenía que ver con sus salarios. Y es que por lo visto era muy común que los Ayuntamientos se retrasaran con el pago de los honorarios del maestro o que incluso no llegaran a pagarle gran cantidad de meses; lo que provocaba un sentido general de indignación e impotencia. Las opiniones variaban sobre cuanto debiera ser el salario mínimo ideal. Algunos maestros justificaban que debía de ser comprendido entre las 3.000 pesetas mínimas a las 6.000 pesetas anuales dependiendo de la población, el nivel de la Banda y si el maestro impartía clases o no en la Academia.
Aunque fuera a su comienzo básicamente un interés recíproco provocado por la situación laboral, los maestros fueron uniéndose poco a poco. Fruto de ello son las cartas que escribieron a la Revista y que llevaron a organizar y unir a los directores del 1928 al 1931. Sería consecuencia de esta unión la creación de los Cuerpos Oficiales de Directores del Estado (1932); tanto civil como militar. El reconocimiento al oficio que tanto tiempo se venía esperando.
El movimiento pro-directores se dejaba de ver en la prensa nacional. En el citado Boletín Musical, las cartas de apoyo e informaciones recíprocas de cómo lograr la unión se repetían constantemente. Mariano Gómez Camarero, director de la Banda Municipal de Córdoba escribiría una importante carta a Rafael Serrano, director de la revista, que sería posteriormente publicada:
“Mi querido amigo:
Reciba mi entusiasta felicitación por el principio de la campaña pro banda y sus directores, iniciada en el número 3 de esta revista (Boletín Musical). Esta campaña que simultáneamente sostienen con el aplauso de muchos directores su periódico, y otro colega de Valencia que lleva el mismo título, parece que va despertando el espíritu de asociación, único medio, a mi entender, de conseguir para nuestra clase todas sus aspiraciones y respetos.
De todos los directores que expusieron sus ideas en ambos periódicos, ni uno sólo dejó de manifestar la necesidad de una asociación y un montepío que sirva de lazo de unión, tanto espiritual, como materialmente a todos los directores de bandas españolas…” (Camarero 1928)
Así fue que en el primer trimestre de 1929 la Asamblea General ordinaria de la “Unión” acordó reformar los estatutos y reglamentos incorporando una quinta sección destinada a los directores de bandas. Provisionalmente se designó al maestro Villa para presidir esta nueva sección y representarla en el seno de la Junta Directiva.
Con la constitución de la nueva sección de directores de bandas dentro de la Unión de Directores de Orquesta-Concertadores y Pianistas comienza el primer reconocimiento real a la labor del maestro de banda.
Paradójicamente una parte de los “directores” de las bandas españolas, con poca preparación musical, ven peligrar sus puestos de trabajo ante la creación de una nueva Asociación; por lo que acrecienta en ellos un gran malestar y temor. Así y de forma paralela se crea una campaña anti-directores, en contra del movimiento de asociarse. Y por si el revuelo nacional no era suficiente, por medio con sus propios intereses estaban las casas comerciales de instrumentos y partituras para banda.
Los directores militares, más unidos que los civiles, consiguen una primera mejora al reconocer el Estado simbólicamente su rango, pero sin una mejoría salarial por desempeñarlo.
La Real Orden de 15 de diciembre de 1930, reza así:
“El Rey ha tenido a bien acceder a lo solicitado y conceder al personal de músicos mayores del Ejército la asimilación a alférez, a los músicos mayores pertenecientes al grupo de ingreso en la tercera categoría, a teniente al grupo superior de la tercera categoría y a los músicos mayores de segunda categoría, y a capitán a los músicos mayores de primera categoría; todo ello sin efecto económico alguno y continuando en la escala de sueldos que actualmente disfrutan o los que expresamente se les concede en las diferentes categorías. Es asimismo la voluntad de Su Majestad que en todas las formaciones o actos de servicio, los músicos mayores, cualquiera que sea su asimilación, estén subordinados al jefe u oficial que mande la fuerza” (Boletín Musical Año III. Nº 33. 1930)
Terminada la Dictadura de Primo de Rivera (1930) se daría paso en España a cinco años de República seguida de una lamentable Guerra Civil (1936-1939), con su posterior dictadura franquista hasta 1975.
Será en el breve período de la Segunda República donde los ideales republicanos se aproximen más con los propósitos de los directores y de las bandas; consiguiendo en este corto tiempo unos avances pro-bandas que con la dictadura de Franco se verán como liberales y progresistas, siendo estos ideales perseguidos y represados.
El movimiento pro-directores iniciado en el 1928 dio su fruto y con el apoyo de la República se constituyeron el Cuerpo de Directores Militares y el Cuerpo de Directores Civiles del Estado.
“Fue la República, sin instigaciones, por generoso e inteligente gesto, por clara comprensión del problema, por su amor a los valores intelectuales, la que recogió aquellas súplicas y situó a los músicos mayores en un plano de dignidad, en un terreno de igualdad con el resto de los jefes y oficiales del Ejército. Era en nosotros un deber primario exaltar este rasgo del Gobierno de la República y de su ministro de la Guerra (Manuel Azaña). Elemental deber de gratitud tenía que acuciar la pluma del que pidió y no fue oído, cuando a sus voces, que parecían perdidas, respondióse generosamente.” (Mantecón 1932)
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