El Siglo XXI: Retos y Sociedad en las Bandas

El Oficio de Director de Banda | TEMA 8

El siglo XXI: nuestra sociedad

Por Carlos Diéguez

La sabiduría popular dice que “los tiempos cambian”. Cierto es que en este siglo XXI bandas y maestros han de afrontar nuevos retos y vicisitudes para ir acorde con su sociedad contemporánea. A nivel social, las relaciones entre los seres humanos también se han ido transformando; perdiendo parte de ese trato humano y cercano de antaño en favor de un mundo digital, con sus redes sociales que sirven de canales de conexión para establecer relaciones online entre individuos.

Hemos forjado un mundo virtual y globalizado en una sociedad de la información, del comercio sin fronteras, de un nuevo espíritu capitalista con sus influyentes multinacionales o de la asimilación de unas culturas y costumbres foráneas como si propias fueran. Es aquí en este nuevo mundo de la globalización donde pensamos que vivimos en una sociedad de masas, pero realmente lo que domina es el individualismo colectivo.

Podremos además estar o no satisfechos de formar parte de la sociedad de la abundancia, en la que cada día la distancia entre ricos y pobres marcha en crescendo. La televisión y el ocio a su vez muestran un culto a la fama; aunque ésta se haya logrado sin esfuerzo gracias a las tramas del corazón o a través de los populares reality shows.

Los cambios culturales han afectado a los valores, a los hábitos y a las pautas de conducta que pone en práctica la sociedad. La globalización y el mundo desarrollado han provocado también cambios en las familias. Ya no son consideradas unas instituciones sino una red de relaciones que, en lugar de ser responsables de transmitir el patrimonio económico social y moral de una generación a otra, tienden a privilegiar la construcción de la identidad personal en favor del individualismo. La solidaridad, la empatía, el respeto, la responsabilidad, el compromiso o el deber son valores tradicionales que se han ido perdiendo en nuestra sociedad.

En cuanto a la a demografía y a sus pautas de asentamiento han variado igualmente sobretodo desde la Revolución Industrial en el s. XIX. Así se ha visto como las bandas de núcleos pequeños agrícolas han ido desapareciendo en su práctica totalidad por el desvanecimiento de las aldeas a consecuencia de la emigración. A su vez en los pueblos y debido a nuestra sociedad, los jóvenes ya no se conforman con su entorno y buscan nuevas oportunidades en urbes mayores. Su intención es la de lograr una mejor vida, con más servicios y posibilidades laborales en las grandes poblaciones; aunque no siempre puedan superar la calidad de vida de los pueblos.

El querer residir en las ciudades se convierte en un concepto de vida del s. XXI, siendo uno de los grandes objetivos personales a lograr.

El buen ambiente social de los pueblos contribuyó a que apareciesen cuantiosas agrupaciones de viento en las pequeñas poblaciones. Históricamente desde el s. XIX in España a la organización de festejos para el vecindario, para la parroquia o para la aldea venía acompañada de La Música, un conjunto de músicos que iría creciendo hasta convertirse en una banda.

En cambio en las ciudades debido a que los bloques de viviendas provocan una frontera natural con nuestro vecino, a que el ritmo de vida es más allegro o a que no hay una identificación cultural propia al proceder su población desde los más diversos lugares, no es de extrañar que hayan existido pocos conjuntos de viento.

Serán en estas grandes urbes donde los sociólogos detectan la aparición de un nuevo modelo de adolescente del siglo XXI, llamado ni-ni : ni estudia, ni trabaja. Un fenómeno que se propaga y que se convierte en un problema social de fondo, sobre todo en los tiempos de crisis económica.

No obstante algunas de estas ciudades poseen sus bandas municipales profesionales; aunque en este nuevo siglo se han visto mermadas continuamente al no reponer desde los Ayuntamientos las plazas vacantes por jubilación que se han ido ocasionando. Así se puede comprender que bandas profesionales reducidas y descompensadas en su número de componentes, tengan menor calidad artística que otras agrupaciones amateurs de su región.

Sería impensable el afirmar que un director de banda pudiese cambiar esta sociedad individualista en la que vivimos. En cambio si que es posible que un movimiento armonizado de personas sabias, honradas y conocedoras del oficio junto a un apoyo político institucional pudiesen lograr un cambio social, cultural y educativo en nuestra sociedad. Para lograrlo es necesario un movimiento conjunto y coordinado: un Plan Nacional de Bandas.

© 2011. Carlos Diéguez Beltrán | Todos los derechos reservados.

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