Las herencias de la Dictadura Española

El Oficio de Director de Banda | Tema 7.8

Las herencias de la Dictadura Española

Por Carlos Diéguez

En el transcurso de la Guerra Civil Española (1936-1939) las bandas que no se disolvieron se dividieron en dos bandos, según los ideales políticos de cada componente. Difícil tarea para los directores era unir, finalizada la guerra, de nuevo a estas bandas y hacer que interpretasen juntos una melodía cuando la sangre derramada aún estaba en el recuerdo de todos.

Los tiempos de posguerra siempre han sido duros, con mucho miedo y poco pan. En estos difíciles momentos los directores se jugaban la vida si proclamaban ideales contrarios a la Dictadura de Franco, como muestra la siguiente historia:

En la Galicia de los años 40, una banda realizaba el día anterior al concierto por las fiestas del pueblo su último ensayo general. El ambiente de la Banda venía revuelto entre los músicos tanto por discrepancias ideológicas como monetarias; y con el director tanto por reproches personales como por desacuerdos musicales. Entre todos ellos, había uno que tenía particulares rencillas con el maestro.

Terminado su nocturno ensayo, músicos y maestro se fueron para sus perspectivas casas. Ya en plena madrugada se presenta en el domicilio del director de la banda un legal pupilo que le dice:

– Maestro, váyase. Mañana si va al concierto lo van a prender.

El motivo de ese supuesto arresto se debía a que su particular Judas lo había denunciado a la Guardia Civil, con el motivo de que la banda iba a interpretar en el concierto la fantasía de la zarzuela de Pablo Sorozábal: Katiuska, la Mujer Rusa.

Esta obra estaba basada en temática rusa. Ante el rencor y odio que existía contra “los rojos” por parte del régimen franquista, podía ser motivo suficiente de arresto contra el impulsor de “propagar ideales comunistas”.

El hecho es que del maestro nunca más se supo, ya que no se subió a la tarima el día del concierto.

Es cierto no obstante, que los casos de represión les acontecían a los directores que públicamente mostraban su opinión o actuaban en contra de la ideología del régimen. En cambio, otra parte del gremio optó por pertenecer a aquello que se denominaban las fuerzas vivas (el alcalde, el médico, el cura, el maestro de la escuela, el sargento de la Guardia Civil, los cabezas de familias pudientes, el farmacéutico o el director de la banda). Con el fin de configurar una telaraña política a nivel nacional se agrupaban de pueblo en pueblo todas las individualidades influyentes en una estructura política e ideológica de la dictadura franquista (desde 1939 hasta 1975), que avasalló a todas las manifestaciones de la vida pública y privada españolas. También se les conocería por el nombre de caciques.

La nueva dictadura militar autoritaria establecería sus bases en el anticomunismo, el catolicismo y el nacionalismo español, sufriendo hasta los años sesenta un aislamiento internacional; debido a sus alianzas fascistas en la Segunda Guerra Mundial. Ya al comienzo del franquismo la Asociación Católica Nacional de Propagandistas tuvo una gran influencia por su vinculación con el Vaticano, controlando así los Ministerios de Educación y de Asuntos Exteriores.

El Estado Confesional y las Bandas

La labor de los directores en un Estado Confesional, variaba de una región española a otra. Las bandas del Sur ofrecían sus servicios a las Hermandades en la Semana Santa, asistiendo además a importantes y solemnes procesiones en las fiestas patronales de los pueblos. En cambio en el oficio de director de banda del norte, el maestro preparaba un número inferior de marchas procesionales o fúnebres ya que los recorridos y la duración de los mismos serían por lo general más breves.

Curioso es el que en la provincia de Ourense se llegó a prohibir a las bandas de música la entrada en los templos; lo que provocó que se dejaran de contratar sus servicios y llevando a más de una a su desaparición.

“Las bandas de música profana o músicos con instrumentos contratados para bailes, verbenas, etc., no podrán tocar en las Iglesias ni en ningún otro acto religioso como Procesiones, sin la autorización explícita por escrito del Ordinario…” (Boletín Oficial del Obispado de Ourense de 3 de agosto de 1954)

El Himno Nacional: La Guerra de los Himnos

La Marcha Real es la denominación tradicional por la que se conoce el Himno Nacional de España. Al término de la Guerra Civil y con la victoria del Bando Nacional se reinstauró y adaptó como nuevo himno a la Marcha Granadera, con una letra oficiosa.

Una tradición histórica española es la de tocar a la entrada y a la salida de las imágenes de la iglesia el Himno Nacional de España. Su origen, supuestamente, era la de servir como ofrenda del Rey del Estado al Rey de Reyes. Tras la Guerra Civil, Franco usó el himno restaurado como un símbolo religioso del nacional-catolicismo imperante en la época.

“El sacerdote inclinó la frente… y por encima de su cabeza cana y como a través de una gasa azul que fingía el humo del incienso apareció la Hostia a los ojos de los fieles. En aquel instante la nota que maese Pérez sostenía trinando se abrió… y una explosión de armonía gigante estremeció la iglesia…” (Bécquer 1861)

Evolución de la cabecera del NO-DO (1943-1981)

Evolución de la cabecera del NO-DO (1943-1981)

La Crisis de los Sesenta y las Orquestinas

Debido a los años duros de posguerra y a la dictadura, los españoles buscaron en las migraciones internas y externas unas nuevas oportunidades de vida. La necesidad de supervivencia de los músicos aficionados contribuyó a la merma de algunas y a la muerte de otras bandas, siendo a principios de los años sesenta un problema devastador.

Aparecieron ahora las orquestinas, orquestas de baile y las charangas como una moda extendida. Los maestros consentían que la banda se dividiese en secciones para hacer más de una contrata a la vez. Acabaron por destruirla y convirtieron a los músicos en mercenarios, más fijados en el dinero que en aprender a tocar su instrumento.

Debido al estancamiento y retroceso que sufrieron las bandas y maestros en estos años, sobrevivir fue sin duda todo un logro. Habrá que esperar a finales de los ochenta y principios de los noventa para ver su resurgir; gracias al sustento de emergentes municipios que buscaban un nuevo status regional.

© 2011. Carlos Diéguez Beltrán | Todos los derechos reservados.

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