El oficio de músico municipal

El oficio de músico municipal

Tema 2.2 | El oficio de músico municipal

Los orígenes de los músicos de las bandas municipales se remontan alrededor del s. XII para substituir a los vigilantes de las torres que ejercían de campaneros. Los municipios se dieron cuenta de que un músico era más útil para alertar del peligro, ya que podría tocar distintos toques de aviso y de paso acompañar las fiestas y los bailes locales.

En el s. XV las bandas de las ciudades formadas por entonces entre cuatro y ocho músicos que tocaban principalmente chirimías, trompetas y sacabuches alternaban sus funciones de vigilantes con sus primeros conciertos públicos.

Según el país o región a la que pertenecían  se les denominaban distintamente: trombetti, concerti, stad-pijpers, scalmeyers, stadpfeifer, tromper, pifferi, watchman, o tower waits.

 

Estos músicos municipales aún serían vigilantes hasta varios siglos después. Sirva como ejemplo los Stadpfeifer (trompeteros municipales), siendo un gremio respetado en Alemania y Suiza. Creado en el s. XVI perduró hasta mediados del s. XVIII.

Entre las funciones encomendadas a ellos en la ciudad de Zürich (Suiza) debían de:

 

“En verano tenían que estar a las nueve en la sala alta de la torre para tocar durante un cuarto de hora el anochecer después de la última campanada (…) Cerraban el acceso por el lago bajando las barreras al agua, (…) Los trompetas municipales que eran también centinelas estaban de guardia. Tenían que sonar sus instrumentos de forma apropiada cada hora y después de la última campanada y finalmente a las tres de la madrugada tocar el amanecer. En invierno, con el frío que hacía en la Torre, los trompeteros ya empezaban su servicio a las ocho de la tarde para terminar a las cuatro de la madrugada…” (Baumann 1996)

 

Es así como se crean los primeros trabajos municipales para instrumentistas de viento: músicos, vigilantes y centinelas a la vez. La música de viento no tenía realmente una función artística aunque los trompeteros tocasen danzas o salmos alemanes de A. Lobwasser. Lo importante era complementarlo a su vez con la vigilancia. Así ha pasado de que algunos se han quedado dormidos cuando atacaban la ciudad o ardía  una casa o bosque cercano, por no decir que para contrarrestar el frío muchos estaban ebrios. Motivos de justificada sanción, que rebajaban ya el pequeño sueldo que ostentaban. Estos puestos normalmente se heredaban hasta que  se confiaron definitivamente las rondas de vigilancia a individuos menos ruidosos como bomberos o  serenos, pero mejores vigilantes.

 

El oficio de músico-vigilante municipal no obstante fue evolucionando hasta conseguir la misma relevancia que los conjuntos cortesanos. Para los ayuntamientos este “prestigio reconocido” de sus grupos les supuso un gran desembolso económico ya que al igual que reyes y aristócratas tuvieron que reunir nuevos instrumentos para el uso de los consorts por el s. XVI.

Otro ejemplo de músicos municipales de este período se da  en 1550 en  Delft, población próxima a Rotterdam (Holanda). Sus trompetistas debían de tocar toda clase de instrumentos de metal y acompañar la procesión de la Virgen María “La Milagrosa”, por lo que cobrarían los tres músicos la cantidad de cincuenta céntimos.

Hendrick Schuyff, trompetista de este municipio entre 1565 y 1568, prestó el siguiente juramento en su toma de posesión:

 

“Juro ser trompetista municipal y velar en el ayuntamiento, anunciar el paso de las horas, en verano hasta las tres de la madrugada y en invierno hasta las cuatro, sonar la trompeta en las esquinas de la torre todas las tardes de las nueve a las nueve y media; tocar las campanas todas las mañanas un cuarto de hora antes de abrir las puertas de la ciudad y sin encender ningún fuego en invierno,…” (Ouwekerk 1992)

 

Este ejemplo es extendido en el s. XVI holandés. Cada ciudad de una cierta importancia contrataba no a menos de cuatro trompetistas, trasladándose los músicos de las antiguas torres  a los campanarios de las iglesias.

Musiciens de ville, Denis van Alsloot, 1616 (Museo del Prado, Madrid)

 

EL OFICIO DE DIRECTOR DE BANDA

© 2011. Carlos Diéguez Beltrán (Todos los Derechos Reservados)

 

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